En la estupidización progresiva por la que avanzan las ciudades, hay cada día más ciudadanos que se rebelan contra el vacío de sus vidas y de su ciudad. Y desean servicios culturales rotundos. Fuertes, que encandilen, que faciliten la reinvención de la propia vida y la de la ciudad. Son el gran signo de una ciudadanía, de una ciudad, de un mundo diferentes, nuevos. Yo estoy con ellos. Encantado. Intentando aportar, uniendo esfuerzos e ideas. Siempre en red. Siempre creando. Siempre gestionando una cultura para la ciudad que intuimos, pero todavía está en esbozo. Una cultura de comunicación, de vecindad, de solidaridad, de libertad, de gozo. Y no son éstas, palabras antiguas. Servicios culturales, pues, éticos, no sólo estéticos. Tenemos hoy, nos dicen los ciudadanos, una cultura, en las ciudades y el mundo que no nos sirve para vivirnos ni para vivir. Una cultura que nos ha costado consensuar. Pero que no va, no nos va. Nos mina, nos vacía y nos destruye. Hagan algo. Propongan. Atrévanse.
martes, 16 de enero de 2007
Toni Puig al habla (2)
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